• Entrevista a la Dra. Mª del Carmen Llasat. Catedrática de Física de la Atmósfera.
Martes, 13 Abril, 2021
IQS Tech Transfer

Dra. Mª del Carmen Llasat. Catedrática de Física de la Atmósfera. Colaboradora en programas y espacios de divulgación sobre cambio climático y riesgos naturales.

Es necesario sensibilizar a la sociedad frente al cambio climático y los riesgos naturales. ¿Hasta qué punto cree que somos bastante conscientes del problema que tenemos delante?

Creo que no somos bastante conscientes de lo que su impacto puede llegar a representar en el mundo, tal y como lo conocemos. Los riesgos naturales han existido siempre, pero la presencia humana y la intervención sobre el medio agravan sus impactos y pueden aumentar su frecuencia y magnitud. ¿Por qué?, nos preguntaríamos. La respuesta es simple: en el planeta Tierra, incluida su atmósfera, todo está vinculado, y cualquier interacción sobre una de las partes puede afectar a las otras. Pongamos un ejemplo ilustrativo: imaginemos una ciudad emplazada en la costa Mediterránea, donde las inundaciones repentinas son frecuentes, y abastecida por una central térmica de carbón. Parte de los gases que emite esta central contribuyen a aumentar el efecto invernadero. Esto comporta un aumento de temperatura que, a su vez, provoca la fusión del hielo y nieve que hay en la superficie y, consecuentemente, una disminución del albedo terrestre. Se trata de un proceso de retroalimentación dado que provoca un incremento de la energía almacenada en el sistema Tierra-Atmósfera y, por tanto, del calentamiento. La pérdida de hielo en regiones como Groenlandia, unida al calentamiento del Océano, modifica la circulación atmosférica y puede favorecer el desarrollo de perturbaciones que den lugar a tiempos adversos que, además, puede dar lluvias más fuertes, ya que la cantidad de vapor de agua almacenado en la atmósfera es mayor. Dado que, además, el calentamiento del Océano, unido al deshielo continental, lleva a la subida del nivel del mar, los efectos de estos temporales con fuerte oleaje en la costa son más graves.

Consecuentemente, esta ciudad imaginaria es afectada por más inundaciones que encima están favorecidas porque con el asfalto ha disminuido la permeabilidad del suelo y ha aumentado la escorrentía. Como la situación económica no era favorable, muchas personas han ido a vivir cerca de la ciudad, en condiciones muy vulnerables, tanto por desconocimiento del territorio como por sus viviendas. Cuando llega la inundación, su impacto es aún mayor. Y todo comenzó con el humo que salía de una chimenea de una térmica de carbón…

Esta historieta nos habla de cómo el cambio climático aumenta la peligrosidad (las lluvias intensas) que combinada con el incremento de las exposiciones (el crecimiento de la ciudad) y la vulnerabilidad (las pobres viviendas) produce un aumento del riesgo de inundaciones. Para ilustrar con cifras, según Naciones Unidas entre 1997 y 2017 las inundaciones afectaron a más de 76 millones de personas y, cada año, unos 24 millones de personas se ven forzados a abandonar su lugar de residencia a consecuencia de los riesgos naturales. Entre 2005 y 2015, las pérdidas económicas en el mundo por inundaciones superaron los $ 58 billones, sin contar el aumento de la pobreza en zonas donde esta es casi endémica. Se calcula que las inundaciones que se produjeron en Pakistán en el 2010 aumentaron la pobreza en un 35,6%. Un par de datos más para demostrar que todo esto no está tan lejos de nosotros: entre 1981 y 2010 se produjeron 219 episodios de inundaciones en Cataluña, a consecuencia de los cuales perdieron la vida 110 personas.

El cambio climático agravará las situaciones extremas. Por ejemplo, en el Mediterráneo se estima para mediados de siglo un aumento superior al 40% del área quemada actual y más de 300 millones de personas con pobreza hídrica. Los científicos no nos cansamos de decir que el cambio climático puede tener a medio y largo plazo peores consecuencias que la pandemia que estamos viviendo.

Si los lectores han llegado hasta aquí, vuelvo a la pregunta: ¿creen que estamos suficientemente concienciados?

Recientemente, recibió la distinción de la UB por sus actividades de divulgación científica y humanística. ¿Qué representa este reconocimiento? ¿Y qué la impulsó a implicarse en hacer divulgación del problema del cambio climático?

Para mí fue un honor y a la vez un acto de justicia hacia todo mi equipo y todas las personas que dedican horas y esfuerzos a la divulgación universitaria. En efecto, el discurso sobre la necesidad de divulgar lleva ya años sobre la mesa, pero no los recursos ni el reconocimiento. Por ejemplo, en mi universidad cada año evalúan nuestra investigación, tanto por las entradas (proyectos) como por las salidas (artículos). En cierta medida, también estiman la docencia que hemos impartido. Pero no sucede lo mismo con la divulgación que se nutre de la buena voluntad de los equipos investigadores. Ya hace años que una Comisión de Divulgación ha ido persiguiendo a los diferentes equipos rectorales y parece que está dando un cierto fruto, pero aún es muy escaso.

Un segundo aspecto que también merece ser destacado es que en las siete ediciones que ha habido de esta distinción, he sido la segunda mujer en recibirla y espero que este porcentaje inferior al 25% (las dos mujeres hemos recibido la distinción ex-aquo) vaya aumentando en las próximas ediciones.

Mi tarea divulgadora se entiende dentro de una vocación docente y comprometida con la sociedad, muy temprana. Empecé a impartir clases de Química en el Colegio de los Jesuitas de Caspe, con poco más de 17 años, y desde entonces no he dejado la docencia.  Cuando en el año 1982 se produjeron las trágicas inundaciones que rompieron la presa de Tous y, semanas después, las inundaciones asolaron gran parte de Andorra y los Pirineos, aposté por la investigación sobre las inundaciones con un objetivo muy idealista (que recomiendo a todos los doctorandos): que no volviera a pasar lo mismo. No he llegado a conseguir todo lo que quería, pero este objetivo ha mantenido siempre la llama para seguir adelante a pesar de los obstáculos. Y fue en este trayecto donde me subí a los primeros vagones de la investigación interdisciplinaria y la obligación, más que necesidad, de dar a conocer aquello que íbamos encontrando por el camino.

Podríamos hablar de una pasión que me ha llevado, a pesar de mis limitaciones, a divulgar y concienciar en fórums tan diversos como pueden ser el Parlamento Europeo, ‘Entrecultures’ o la Fiesta de la Ciencia. En los últimos años, y con la ayuda de mi equipo de doctorandos y doctorandas y, sobre todo, de Montse Llasat, mi hermana, hemos desarrollado herramientas y estrategias como son aplicaciones de móvil, exposiciones, ciencia ciudadana, etc.

Forma parte del Comité de Dirección del MedECC (Mediterranean Experts on Climate and Enviromental Change), red que ha publicado el primer informe sobre el cambio climático y ambiental en el Mediterráneo, del cual usted es una de las autoras. ¿Cuál es la función de los océanos en el equilibrio/balance de la energía del Planeta?

A pesar que el informe no tiene un capítulo específico que responda a la pregunta, el papel de los océanos y del propio Mediterráneo aparece transversalmente. Este papel es tan importante que hoy en día no hay modelo climático que no tenga presente el acoplamiento océano-atmósfera, sobre todo por lo que respecta al intercambio de calor sensible y de calor latente, fuentes de inestabilidad y de humedad atmosférica. Pero a este rol sobre la dinámica atmosférica hay que añadir su papel en el cambio climático.

Los océanos albergan más del 96% del agua del planeta y, si recordamos que el calor específico del agua es superior al del aire, los océanos actúan como almacenes de energía y, en consecuencia, también del exceso de calor. Según el quinto informe del IPCC publicado en 2013, el contenido de calor almacenado en las capas superiores de los océanos desde 1960 había aumentado, aproximadamente en más de 12.1022 J. Como consecuencia de este calentamiento el agua se dilata, encontrándose que desde 1900 la altura del mar ha aumentado, en término medio, cerca de 200 mm. La aportación del deshielo continental solo representa una pequeña porción de este aumento del nivel del mar, pero tiene un impacto considerable en la distribución de la salinidad y las corrientes marinas y, consecuentemente, el clima. En el caso concreto del Mediterráneo, en el periodo 1982-2019 la temperatura de la superficie del mar aumentó 1,3ºC, es decir, 0,3ºC por encima de la temperatura del aire (1ºC, superior a la media mundial), lo que tiene un grave impacto sobre la generación de tiempo adverso.

El calentamiento del mar también afecta a los sistemas marinos, provocando una redistribución global de las especies marinas y la reducción de la biodiversidad en algunas regiones, con graves consecuencias en el sector pesquero. Además, los océanos son también importantes sumideros de CO2. Se calcula que absorben un 30% de las emisiones globales de este gas, lo cual es positivo desde el punto de vista del cambio climático, pero no así en lo que se refiere al coral, los ecosistemas polares, el fitoplancton y otras especies para las que la acidificación del agua puede ser mortal.

La red MedECC recibió uno de los premios por su lucha contra el cambio climático y la promoción del desarrollo sostenible. Como miembro de la red, es otro reconocimiento muy importante de su labor a favor de la sostenibilidad.

MedECC nació en 2015 en la Med-COP de Marsella, previa a la COP21 de París, como fusión de dos iniciativas que se llevaban en paralelo. Por otro lado, el director del CADS (Consell Assessor per al Desenvolupament Sostenible), Arnau Queralt, y yo misma, miembro también del CADS, habíamos ido a hablar con la Unión para el Mediterráneo con la propuesta de un informe para esta región, similar a los que hace el IPCC. Por otro lado, dos prestigiosos investigadores del CNRS, Wolfang Cramer y Joël Guiot, se planteaban la creación de un grupo de expertos sobre el cambio climático y ambiental en el Mediterráneo. La organización de una sesión paralela en la Med-COP sobre transferencia del conocimiento científico nos permitió entrar en contacto. De esta manera nació el germen de MedECC, que ha culminado con la publicación del First Mediterranean Assessment Report (MAR1). La originalidad de MedECC es que desde el primer momento estuviera constituido por representantes de las ciencias naturales, políticas y sociales, además de lo que usualmente conocemos como “policymakers” (UNEP/MAP, UfM, CADS), con el fin de ajustar mejor las demandas de conocimiento. Actualmente, MedECC agrupa a más de 600 científicos de 35 países, de los cuales 185 autores representando 25 países han contribuido en el informe (hay que añadir, siempre de forma altruista).

El hecho que MedECC recibiera el North-South Prize of the Council of Europe fue un reconocimiento de que los retos del cambio climático y la sostenibilidad solo pueden ser llevados a cabo desde la colaboración, ya sea entre científicos y expertos para crear bases sólidas para las políticas de planificación, ya sea entre las sociedades y estados. El texto de la nominación del premio finaliza con unas palabras que transmito aquí como un deseo: “ser un ejemplo concreto de la visión del mar Mediterráneo como espacio compartido de paz, desarrollo y derechos humanos”. 

Hablemos de su relación con IQS, concretamente desde el Patronato del que usted forma parte desde hace un año.

Ser miembro del Patronato de la fundación IQS es para mí un honor y una oportunidad. Mi familia viene de Tortosa y ya de muy jovencita había ido al Observatorio del Ebro con mi padre, quien admiraba la labor que hacían los jesuitas. De hecho, mi tío conoció al P. Rodés, y yo, actualmente, mantengo una estrecha colaboración con uno de sus investigadores en cambio climático. Como ya sabéis, el que después sería IQS nació en el Observatorio de Roquetas, creado en 1905, lo que me lleva a pensar en IQS como una institución sólida de más de 110 años contando el periodo de gestación, pero que no ha envejecido, al contrario, se ha ido rejuveneciendo a medida que se adecuaba a las nuevas necesidades, sin perder su identidad. En el año que llevo en el Patronato he conocido más de cerca su realidad y he de decir que, a pesar del trance de la situación que estamos atravesando, la percepción de rigurosidad y dedicación hacia el alumno no se ha visto en ningún momento desmerecida.

También es para mí una oportunidad de intercambio de conocimientos, de aprendizaje y, por qué no, de perseguir el sueño de que IQS sea el referente en sostenibilidad, en el sentido más amplio, dentro de UNIJES.

¿Cuál cree que es nuestro deber, como centro universitario, respecto a la propuesta del Santo Padre Francisco en su encíclica LAUDATO SI del 2015, sobre el cuidado de nuestro Planeta, como Casa Común?

Enlazando con la última respuesta, creo que IQS está llamado a ser la “Loyola University Chicago” en España, obviamente sin perder su idiosincrasia. Justamente, esta universidad ha celebrado recientemente la Virtual Climate Change Conference: “Accompanying Youth to a Hope-filled Future”. Os animo a que conozcáis todas las acciones que llevan a cabo para el cuidado de la Casa Común y donde participan alumnos, profesores y personal de soporte o administración.

¿Y por qué creo esto? Primero, porque no podemos quedarnos callados delante de una llamada universal como esta, más si recordamos que tenemos una deuda con este mundo en el que nosotros somos personas privilegiadas. Segundo, porque IQS tiene todo lo que necesita para llevar adelante este liderazgo: la capacidad de generar conocimiento para dar respuestas tecnológicas, económicas y humanas, sin caer en el paradigma de la tecnocracia; un equipo directivo y un claustro de profesores mayoritariamente comprometidos con el cuidado del planeta, detrás de los cuales se encuentra la tercera preferencia apostólica actual de la Compañía de Jesús, que es la Reconciliación con la Creación; y, finalmente, pero no menos importante, unos y unas alumn@s que con su entusiasmo, conocimiento y compromiso, son el potencial transformador que necesita nuestro mundo.