Relaciones universidad-empresa

Lunes, 26 Noviembre, 2018
Temática: 
IQS Tech Transfer

Hace unos días recuperé un artículo del Dr. Juan-Julio Bonet Sugrañes, publicado en la revista Afinidad en el año 1985, bajo el título “Las (malas) relaciones Universidad-Industria”, en el que hacía una evaluación de las dificultades que en aquel momento existan entre estos dos mundos, llegando a la conclusión que la solución pasaba por modificar las actitudes mentales de ambas partes. ¿Qué ha cambiado en estos más de treinta años?

El Dr. Bonet fue profesor de IQS entre los años 1965 y 1986, destacando no solo por su calidad docente en el ámbito de la química orgánica, los productos naturales y la fotoquímica, sino también como investigador, consolidando un potente grupo de investigación en el Laboratorio de Esteroides. Además, siguiendo la forma de hacer de IQS, estableció fuertes vínculos con el entorno industrial para la realización de proyectos de investigación conjuntos.  En este sentido, debemos recordar que fue precisamente en 1985 cuando IQS creó la sociedad Promotora de Enlace Industria Universidad S.A. para gestionar los servicios que los profesores de IQS ofrecían a la industria. Por tanto, podemos constatar que en aquellos años ya existía una cierta trayectoria en la colaboración de IQS con las empresas de su entorno.

En este interesante artículo, el Dr. Bonet describe cuatro niveles de cooperación entre la universidad y la empresa: la formación de personal, la transferencia de tecnología, la realización de proyectos en común y el intercambio de experiencias. Para cada uno de ellos, analiza los intereses de cada parte e identifica las barreras que dificultan la relación.

Aprovechando este espacio de nuestra Newsletter, dejadme que me centre solo en la Transferencia de Tecnología y proponga unos elementos de reflexión.

El autor identifica dos formas de transferir tecnología que se genera en la universidad y se enfoca hacia la industria. En primer lugar, la forma que denomina “tradicional” y que se basa en la protección de la tecnología mediante la patente y la posterior transferencia  a la empresa mediante la licencia. La segunda modalidad la define como “reciente y original” y se basa en la financiación, desarrollo y eventual comercialización de la investigación mediante la creación de organizaciones que transfieran la tecnología. Es lo que hoy conocemos como spin-offs universitarias. En ambos casos, el Dr. Bonet hace referencia a tendencias en crecimiento en aquellos años, especialmente en los EUA y en otros países avanzados.

El Dr. Bonet explica que los artículos publicados en revistas científicas de la época ponen sobre la mesa diversos problemas y conflictos dentro de las universidades, algunos de carácter ético. ¿Un profesor universitario debe dedicarse de forma única y exclusiva a la docencia y a la investigación? ¿Está mal visto que un grupo de investigación o un profesor pueda colaborar con la industria y a cambio recibir una compensación económica para disponer de más recursos que impulsen su actividad investigadora? ¿Se puede considerar que de esta forma la industria está “comprando” a los docentes y forzando a que la investigación se oriente a fines que no son los propios de la universidad? A diferencia de las inquietudes de los países más avanzados, en España ni siquiera se planteaban (¡por desgracia!) este tipo de cuestiones. Él mismo se preguntaba si realmente existía interés en transferir.

La reflexión a la que invitaba el artículo se enfocaba a las actitudes mentales tanto del entorno académico como del mundo industrial: recelos, falta de confianza, lenguajes diferentes, objetivos antagónicos…

Al finalizar el artículo, nos dice que hace falta audacia e imaginación. Audacia para reconocer nuestros prejuicios. Imaginación porque el éxito empresarial tiene mucho que ver con la visión del mercado, pero lo más importante son las ideas. Las empresas y universidades de nuestro país tienen mucho que aportar en este terreno, sin complejos frente a nadie.

Tras leer el artículo, mi pensamiento es contradictorio. ¡Cuántas cosas han cambiado en treinta años! Por ejemplo, la aceptación social de que una de las funciones de la universidad es generar conocimiento que retorne a la sociedad en forma de nuevos productos, procesos y tecnologías que mejoren la calidad de vida, la salud y el bienestar, pero también el entorno ambiental y la conservación de nuestro planeta. También ha cambiado el rol de la administración pública, impulsando la innovación tecnológica y la colaboración entre la empresa y la universidad. Por último, la profesionalización de las estructuras universitarias que han facilitado esta relación entre los dos mundos.

Por otro lado, tengo la sensación que seguimos en el mismo lugar de partida. Aún queda mucho por hacer para encontrar el punto en el que los intereses y objetivos de ambas partes confluyan. Todas las visiones son válidas, propias y esenciales en cada entorno, pero no podemos progresar de espalda en dos esferas diferentes. La experiencia nos demuestra que cuando trabajamos juntos conseguimos buenos resultados y los beneficios van más allá de los objetivos alcanzados en cada proyecto conjunto.

En el año 1985, el Dr. Bonet decía “Está casi todo por hacer, siempre está casi todo por hacer, cada segundo sale un nuevo tren.

 

Dra. Núria Vallmitjana

Directora de IQS Tech Transfer